Perros abandonados y ‘perregrinos’ comparten hogar hogar durante el Camino de Santiago

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Desde 2015 una asociación acoge a perros abandonados que llegan siguiendo a los peregrinos e intentan darles una vida mejor. Perros abandonados y ‘perregrinos’ comparten hogar hogar durante el Camino de Santiago

Un hombre con dos perros frente a la catedral de SantiagoEl Camino de Santiago es el hogar de muchos perros que recorren las rutas jacobeas. Unos, abandonados, lo hacen sin destino detrás de las 300.000 personas que peregrinan anualmente a la capital gallega; otros son los ‘perregrinos’ que viajan con sus dueños para hacerse con su Compostela canina.

Son animales con realidades muy diferentes a las que se debe la Asociación Protectora de Animais do Camiño (APACA), que une ambas circunstancias en una “extensa campaña de educación y sensibilización” con el fin de buscar refugio para los abandonados y promocionar un Camino seguro para los “perregrinos”, relata su gerente Raquel Freiría.

Apaca nació en 2015 formada por un grupo de mujeres que recogían perros abandonados en Arzúa y se dieron cuenta de que “el primer motivo por el que llegaban los animales era porque iban detrás de los peregrinos”. Por eso se constituyeron como una “protectora diferente” con la totalidad de lo que significa el Camino de Santiago como ámbito de actuación.

Más adelante, abrieron una oficina en la capital gallega y fue cuando, por demanda de los peregrinos, comenzaron a ofrecer recomendaciones para hacer el Camino con perro.

Así, en la primavera de 2018 lanzaron la credencial y la compostela caninas, iniciativa que sigue siendo un éxito. Solo en ese año, se vendieron “500 credenciales“, cuenta, hecho que refleja que hay muchos más peregrinos que los que dicen los datos oficiales.

“No tenemos un mínimo de kilómetros para dar la compostela canina, lo que priorizamos es la buena praxis, y no la entregamos si a nuestro criterio hay signos de que el perro ha sido maltratado o se ha cometido una negligencia demasiado grave”, señala Raquel Freiría.

En principio, “no pueden hacer la peregrinación cachorros, ni perros enfermos, a no ser que se tomen las medidas adecuadas para ello”, detalla la gerente, y explica que sus recomendaciones son completamente flexibles, ya que “no importan tanto los kilómetros ni la condición del perro como lo que hace el humano”, que tiene que adaptar en todo momento del viaje a su compañero.

Se trata de un recorrido que hay que organizar con antelación porque el Camino no está preparado para ellos. “Hay muchos establecimientos, albergues u hoteles que dejan entrar a perros pero que no son ‘dogfriendly'”, etiqueta para los que tienen “una buena actitud” hacia estos animales.

“Hay sitios en los que permiten la entrada al perro y luego lo meten en una jaula en la bodega o lo dejan fuera en un jardín”, denuncia Raquel, mientras relata el caso de un can que fue obligado a dormir a la intemperie y llegó con un trauma. Por ello, es una aventura en la que las personas fortalecen su relación con los animales, ya que, como dice Raquel Freiría, “hacer el Camino de Santiago con perro es un curso intensivo de conocimiento mutuo con el animal en el que los vínculos se refuerzan entre ellos mucho”.

Esta recopilación de información la lleva a cabo Apaca con las encuestas que hacen a los peregrinos que llegan a su oficina, que también les “hablan de la visión que tienen de los animales que se encuentran” y el 90% de los encuestados contesta que han visto “muchos perros abandonados“.

Aquellos sin hogar por los que Apaca lucha desde sus inicios están desprotegidos a lo largo de las rutas jacobeas. Raquel Freiría afirma que en la parte gallega del Camino Francés “no hay un solo centro, perrera o refugio“, por lo que ellas impulsaron una recogida de firmas en el año 2017 para pedir “la construcción de un refugio ético” de titularidad pública.

Pese a tener 88.250 firmas y la legalidad de su parte, ya que “las Mancomunidades en Galicia tienen la obligación por ley de tener un refugio, perrera o centro autorizado”, sostiene la gerente, todavía no han conseguido su propósito y solo pueden seguir trabajando con las casas de acogida que tienen en la zona de Arzúa, O Pino y Boimorto. Sin rendirse, la asociación sigue peleando por mejorar la situación de los perros en el Camino de Santiago que, como dice Raquel Freiría “está dotado de unos valores muy bonitos”, y si lo consiguen “podría ser un ejemplo de civismo y buenas prácticas para el resto de la sociedad”.

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